“Oscilaciones gráficas” de Ernesto Ríos

Por: Diana Reséndiz

Concebir la realidad en imágenes implica, no solamente, ver los objetos en su contexto cotidiano y entenderlos como parcialidades que conforman un todo existente; significa esencialmente, percibirla de un modo diametralmente opuesto, que ese todo envolvente puede (justamente por esa razón), ser segmentado y con sus fragmentos, llevar a cabo una actividad reconstructora, que regenera la realidad con objetos, personas y entornos que no son más entidades físicas, sino entidades arraigadas en el intelecto y la emotividad, que pertenecen ineludiblemente a un plano etéreo.

La fotografía es una actividad concebida por la mayoría de la gente como la habilidad de robar imágenes, captadas por un ojo escrutor que las entiende de manera bella o impactante. Posteriormente, tras el efecto de las sustancias químicas sobre el papel en tinieblas, se logran plasmar los instantes visuales portadores de una estética gráfica intencionada a fijarse en la mente del espectador.
Pero no se trata únicamente de hacer copias fieles de acontecimientos, ambientes sociales o naturales; el fotógrafo es un artista y su actividad un arte plausible de hallar nuevos métodos de representarse, de crear, más que de recrear una realidad alterna de la que se adueña la memoria en segundos.

Ver todo lo que nos rodea sin reparar en sus detalles es función común a todo ser humano. Reivindicarles su esencia, es función de todo artista, pues es él quien llena el vacío de una necesidad estética y emocional, para luego intentar emparentarnos con el mensaje descifrable contenido en su obra, en este caso, la imagen capturada.

Ernesto Ríos ha tomado rumbos diversos; manifestaciones tan variadas como la pintura, el dibujo, la gráfica digital, la escultura y la fotografía, han sido degustadas por sus sentidos, satisfaciendo así, sus inquietudes creativas a través de distintos medios de expresión artística. Como artista visual, ha explorado constantemente el campo de la fotografía con nuevas rutas que se contraponen a las tendencias tradicionales de apreciar esta actividad. Ríos utiliza la fotografía como una herramienta que le ayuda a explotar sus capacidades creadoras, y es por ello que se inclina más hacia una postura desintegradora de las imágenes, en las que los elementos se van desprendiendo poco a poco de su fatalidad estacionaria.

Su inicio, puesto en marcha hace más de una década, lo ha llevado a experimentar con métodos y conceptos innovadores que se diluyen en la línea que separa lo meramente estético de lo conceptual. El enfoque laboral de la fotografía ha trasladado a Ríos en los últimos años, a diversas zonas del planeta: Roma, Nueva York, Bangkok, Sao Paulo, Jerusalén, han sido archivadas en 35 mm, y le han dado la oportunidad de realizar recorridos paralelos en los que su cámara, ha ido guardando su muy particular visión del mundo. Los registros guardados pregonan esa visión mental memorística que sobrepasa cualquier sensación de manifestación estática y son convertidos entonces, en una plasticidad móvil que nos invita a recorrer con él su bitácora personal.

Es evidente que Ríos no espera ansiosamente el momento ideal para disparar el obturador; sus imágenes no pueden ser consideradas como partes extraídas de un momento místico o fantástico que se presenta azarosamente. El conjunto “Diarios de viaje”, conformada por una serie de fotografías manipuladas digitalmente y armadas en trípticos, establecen una continuidad entre cada una de estas, a la vez que los elementos de estructura y de contenido quedan enlazados.Poseen todas ellas, un deleitable código interpretativo en cuyas superficies, se entremezclan armónicamente propuestas de orden pictórico con fotográficas; juega alternativamente con símbolos abstractos, con contrastes cromáticos e imágenes que oscilan entre lo real y lo imaginativo, para fabricar gráficamente una obra que entabla un diálogo con el espectador, en el cual, éste se convierte en generador de sus propias obras como lector de un conjunto abierto a la interpretación activa.

Ríos no pretende que se le de una significado unánime a su obra, por el contrario lo que pretende es conmover la apreciación del observador y que obtenga una capacidad de captar al mundo de manera distinta a la que miran los ojos ordinarios. Este efecto, es logrado con la sujeción de una imagen a otra hasta formarse una yuxtaposición visual de lo físico y lo mental. Más allá de lo evidente, en su inventiva poético-visual, echa mano de todo aquello que tenga una carga semiótica, revalorizándolo y exponiéndolo como antítesis de lo vago y lo cotidiano.

Esta obra es una colección de ensambles en el que se van unificando los componentes de las distintas fotografías, a razón de seguir una coordinación de constantes geométricas, de colores y de elementos ligados en algún concepto. Son imágenes que nos muestran un vaho del mundo que conocemos, dotadas de una realidad irrealizable, las figuras que aparecen en ellas nos evocan frecuentemente un sentido de universalidad que es a la vez fantástica, hermosa…En ocasiones, fungen como recordatorios de lo efímero y lo transitorio de nuestra existencia y de esta forma se imprime la presencia del hombre, de manera casi imperceptible, rociado de su tinte más corriente, perdido entre la inmensidad del mundo.

Ríos nos muestra al hombre como una ínfima parte de sus rompecabezas, desprendido totalmente de alguna expresividad que nos dejara adivinar el sentido de su obra, es un ser que sólo es palpable y entendible como un ser vivo, pues su esencia humana queda extraviada, lejos, sin poder asirla.

La obra de Ríos es un paraje extraño, de hermosos paisajes inventados, de un equilibrio exquisito que combate abiertamente con la percepción caótica del hombre actual.