ERNESTO RÍOS: EL LENGUAJE DE LA FOTOGRAFIA
Por: Miguel Ángel Muñoz

Texto publicado en:
El libro Convergencia y Contratiempo, CONACULTA-FONCA 2008.
Agulha, Revista de Cultura 41, Fortaleza, Sao Paulo, Ocubre de 2004

En los últimos tres años, el artista visual Ernesto Ríos (Cuernavaca, Morelos, 1975) ha basado su discurso visual fotográfico y plástico en la iconografía del objeto cotidiano, del laberinto y de un tipo de paisaje no tradicional: paisajes virtuales.

Ríos distorsiona múltiples aspectos de estos objetos o acentúa esas mismas cualidades para obtener un efecto distinto. Estas combinaciones tienen un lugar que desafía nuestra imagen del tiempo y el espacio. La variedad y la complejidad de la práctica artística de Ríos, evidente en la exposición que presenta actualmente en la Fototeca de Cuba, en la Habana, bajo el título de Manhattan: Laberinto visto y andado – proyecto con el cual, obtuvo la beca de Residencias Artísticas México- Nueva York del FONCA.- en la que se manifiesta a primera vista una desconcertante riqueza estilística. La obra de este artista comenzó a ganar visualidad pública a partir de mediados de los noventa, circulando en diversos países como Estados Unidos, Cuba, e Inglaterra, llegado a ser integrada en diversas galerías y espacios de exposición.

Ríos practica su discurso visual como una aparente contradicción dirigida a sí mismo. Porque para Ríos lenguaje significa no sólo un estilo artístico sino imagen clara y definitiva del mundo. Siguiendo sus gráficas digitales recientes reconstruimos también un proceso de madurez personal y se aprecia una clara coherencia, una intención artística que se proclama en cada momento, foto tras foto, afilando la ironía, con un discurso poético-visual más sofisticado, con la utilización de lo digital como auxiliar de trabajo, con la memoria de la historia del arte y de la cultura, con el objetivo puesto en la vida cotidiana, en la realidad que le rodea, en una peculiar imagen de lo actual, en un retrato de época sorprendente e inédito ( relacionable con la compleja correspondencia entre la conciencia y la experiencia).

El resultado es una especie de traducción de la imagen inicial que mantiene parte del realismo original, aunque altere considerablemente el estatuto de la imagen. Ernesto Ríos alcanza una especie de derivación del concepto de ready-made, ya que utiliza imágenes preexistentes, confiriéndolas, a través de una reproducción virtuosa que confunde al espectador, una espesura y un sentido diverso a la simple apropiación. Es un proceso cargado de ironía, que incide no sólo en el prestigio de las imágenes seleccionadas, sino también sobre el propio mito que desde principios del siglo pasado se ha creado en torno a la capacidad de la fotografía para mostrarnos la realidad.

Ríos es consciente de que con esta estrategia puede reflejar – como pocos artistas –, la posición histórica de su medio. No proclama el origen total del arte, que creo se legitima por sí mismo, y que es necesario definir a través de su relación con las imágenes ya existentes. En este entorno, el artista desarrolla, de manera práctica, un discurso conceptual en torno a la cuestión de sí hoy es posible representar, un paisaje, e indaga los límites y las posibilidades que le quedan a cada imagen. Así, por una parte está claramente diferenciada una sección manipulada digitalmente, o mejor dicho, a través del uso de la computadora con la que introduce gamas monocromas, una serie de figuras humanas, unas figuras que en momentos miran directamente al espectador, y en otras, se trata de fotografías sugerentes con un gran campo visual. Estas zonas ocupan en momentos la mitad o el eje central de cada pieza. La otra mitad o el conjunto lo ocupa la imagen real o concreta, el gesto captura el color de ese instante. Son como las dos caras de la realidad, una narración desde dos ángulos, que son una ruptura excelente con los límites de su propio discurso.

Sea cual sea el sujeto, la imaginería de contrastes que crea el artista, suspendidos al borde del abismo invisible pero real, atrapa al espectador con su accesibilidad y su belleza seductora aprovechándose de la lujuriosa necesidad que tiene la mirada. Sus inquietantes paisajes, por ejemplo, representan imágenes un tanto familiares: fragmentos urbanos, arquitectura, dibujos digitales monocromos y abstracciones. En la obra de este artista todo está en la superficie, la fotografía y la gráfica digital en conjunto plantean plantea su propia estructura. Por eso escribe Heidegger: “ Espaciar es dejar libres los lugares donde un Dios se deja ver”. Y en ese espacio de libertad acepta la formulación de que la forma es el fondo, igual que el poeta cree que en la poesía la forma es el contenido. Todo el concepto fotográfico está en la forma, la formulación del problema es el problema en sí mismo. Al igual que artistas como Francesc Torres, Robert Longo, Gerhard Richter o Sigmar Polke, Ernesto Ríos cree que su fe se centra en el poder que el arte puede producir en cualquier instante de nuestra vida.