ERNESTO RIOS: EL ARTE SIN LIMITES
Exposición "Labrys", Museo de Arte Contemporáneo de Morelia, México 2008

Miguel Ángel Muñoz

Ernesto Ríos, (Cuernavaca, Morelos, 1975) asume los postulados que han hecho fortuna en los estamentos de la contemporaneidad y que responde a un ideario ecléctico donde se ofertan distintas posibilidades plásticas y estéticas con objeto de desarrollar un asunto que, además, requiere la máxima complicidad del espectador. Su obra ha formulado diversos planteamientos y ha jugado con formas que entroncan con ciertos aspectos de la moderna sociedad de consumo, en busca de un cuestionamiento de esa realidad y sus circunstancias. No sorprende que algunas de sus fotografías se adentren en espacios novedosos donde la sutil línea de lo artístico es rota por la incursión de extraños elementos que contribuyen a materializar un desarrollo amplio susceptible de cualquier intervención.

Ríos continúa puliendo su fascinante laberinto fotográfico, ese que ahora exhibe bajo la hermosa advocación de “Labrys”. Aunque no le hacen falta los antecedentes históricos, sobre todo, de los pioneros de la instalación y el vídeo como Francesc Torres, June Nam Paik, Matta Clark, Denis Oppenheim, sobre todo, desde que la fotografía descubrió otros recursos narrativos, hacer instalación con medios gráficos no ha dejado de ser una aportación sorprendente, hasta llegar a nuestra revolucionaria época, que se hunde con pasión en lo insólito y lo paradójico.

Esta exposición muestra trabajos realizados en los últimos cuatro años. Fotografías de carácter documental así como pinturas, dibujo y animación. Esta es la primera vez que se realiza una exposición de estas características. Ríos acostumbra a mostrar su trabajo en series individuales o en pequeños grupos. Esta visión de carácter retrospectivo es pues una gran ocasión para valorar el conjunto de su obra.

Pero volver una y otra vez sobre el sortilegio pictórico nunca es en vano, y, en este sentido, la poética visión con que Ríos ha mirado ese parpadeante espacio animado por turbios laberintos y la intensidad de su pugna visual por lograr expresar las extrañas maculaciones cromáticas que pululan por la superficie cuando se extinguen las luces, poblando las imágenes de fulgores temblorosos y formas. El uso de la instalación o, mejor dicho, de la construcción fotográfica proporcionan texturas entre lo mineral y lo orgánico, un paisaje que brilla, pero también con la sensual suntuosidad de múltiples imágenes. Muchas de estas obras ponen de manifiesto el hecho de que estos elementos pueden cobrar nuevos sentidos al ser observados, analizados y razonados en función de su especialidad o de su posición en un lugar determinado, con el que se relacionan y en el que el espectador, a su vez, se sitúa.
Su interés por los espacios intermedios, por los contenedores corporales y sociales, por los personajes anónimos, le permiten trascender del vacío. Ernesto Ríos es un constructor del espacio – éste fue su material de trabajo y proyecto -, de sus vacíos, no sólo del arte de las últimas décadas sino de lo que hoy conocemos como historia del arte. Muy inteligentemente Ríos ha estado al margen de las, aún hoy, difíciles – por no decir imposibles- relaciones entre pintor/ fotógrafo.

En todo caso, su obra, que él se encarga de definir como poética, posee la belleza convulsa de un tiempo de crisis vivido desde la lucidez. Ríos es un antihéroe moderno y un hijo de los primeros artistas de la posmodernidad. Él, en definitiva, va evolucionando su discurso estético, hasta llevarlo a los límites de su creación. Por eso es un artista que podríamos poner como ineludible a la hora de entender el arte mexicano de su generación.

En suma: los proyectos que ha venido desarrollando Ernesto Ríos son el resultado de años de reflexión y, como digo, muy reveladores, porque esta “inocencia” ocular nos acerca mejor a las querencias incontroladas de su retina, que naturaleza es la compleja retina de un pintor, pero sin agobios, ni complejos. Pienso que, para él, ha debido ser una experiencia instructiva, y, para sus espectadores un placer.